Descripción
Detectar dentro de casa está bien; detectar antes de que entren es mejor. Este detector se monta fuera y avisa cuando alguien está cruzando el jardín, no cuando ya está en el salón. Es la diferencia entre reaccionar y llegar tarde.
Lo que lo hace fiable a la intemperie es que lleva dos sensores PIR en vez de uno: la alarma solo se dispara cuando los dos coinciden, y así una rama moviéndose o un cambio brusco de temperatura no arma un escándalo a las tres de la mañana. Cubre 15 metros con 90°, tiene tres niveles de sensibilidad, inmunidad a mascotas de hasta 80 cm de altura —el gato pasa, la persona no—, anti-enmascaramiento para detectar si intentan taparlo y tamper anti-apertura. Grado de protección IP54 y rango de −25 a 60 °C. Dos pilas CR123A preinstaladas, unos cinco años.
Cómo lo instalamos. Va fuera, y la altura no es libre: su ficha marca entre 0,8 y 1,3 m del suelo, mucho más bajo de lo que la gente espera. Esa altura es justo lo que hace que detecte a una persona agachada y que el jardín entero no quede dentro del campo. Se orienta paralelo a la fachada o cruzando el camino de acceso, nunca apuntando a la calle o al vecino —eso además es un problema de privacidad—, y lejos de aspersores y de aire acondicionado. Se da de alta por QR y comprobamos la señal desde el punto exacto antes de fijarlo.
Si además quiere ver qué ha entrado, el fotodetector de exterior manda fotos. Para una parcela grande, la central es el Hub 2 Plus. Y el resto, en detectores de exterior Ajax.













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