Descripción
Esta es la cámara para el sitio donde no hay cable ni se va a picar la pared para llevarlo: se conecta por Wi-Fi y solo necesita corriente. Es turret —esa media bola orientable, sin visera— así que se integra bien bajo un alero o en un techo de porche sin cantar tanto como una bullet.
Graba a 5 MP a 25/30 imágenes por segundo, con un segundo flujo ligero de 640×360 para verla en el móvil sin gastar datos, y comprime en H.265 o H.264. La parte interesante es la doble iluminación: infrarrojos cuando lo único que importa es detectar, y luz blanca cuando se quiere imagen en color de noche, que es lo que sirve para reconocer a alguien o distinguir el color de un coche. Con la luz blanca encendida el consumo sube de 2,1 W a 5,1 W. El cuerpo es metal y plástico, se orienta en los tres ejes y aguanta de −40 °C a +60 °C.
Cómo la instalamos. Al no llevar cable de datos, el trabajo se concentra en dos cosas: encontrar un punto con corriente y con cobertura Wi-Fi real —no la que promete el router, la que se mide en ese rincón—, y orientarla para que la luz blanca no dispare de noche con cada gato. Se pone en marcha desde la app DMSS; también se puede gestionar desde Smart PSS Lite o DSS. Si el Wi-Fi no llega bien, no forzamos: se cambia el punto o se propone una cámara cableada.
Si el sitio es interior y pequeño, la compacta WiFi de 4 MP con micrófono y altavoz encaja mejor. Para vigilar una parcela entera con zoom, la PTZ 4 MP con zoom 25x. Y el resto, en cámaras Dahua de interior.













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